¿Qué es la musicoterapia modelo Benenzon?

Cuando hablamos de musicoterapia, la tendencia popular suele ser la de imaginar a una persona entendida escogiendo obras musicales concretas para que el paciente las escuche o para producir determinados estados en esta persona. Sin embargo, este uso “pasivo” de la música es según el Prof. Benenzon, creador del modelo desde el cual hablaremos, patrimonio de otras terapias como las psicoterapias verbales (que crean asociaciones a través de la música escuchada), psicomotricidad (que puede utilizar el ritmo para producir determinada estimulación), terapia del sonido (para producir relajación), etc.

Dentro de la Musicoterapia Modelo Benenzon, se considera que la musicoterapia es siempre activa, ya que se entiende como un modo de aprender a derivar las energías creadoras para abrir canales de comunicación entre las personas. Y esto sólo se puede realizar a través de la relación y los vínculos creados entre el terapeuta y el paciente.

La musicoterapia es por tanto una “psicoterapia no-verbal que utiliza: sonido, movimiento, música y recursos no-verbales para desarrollar un vínculo entre el terapeuta y el otro o los otros, a fin de mejorar la calidad de vida y recuperarlo para la sociedad como así también para producir cambios socio-culturales-educativos, actuando en la prevención primaria de la salud comunitaria”.

Por tanto, ¿qué se hace en musicoterapia? Según entendemos la musicoterapia, no existe la farmacopea musical, en la que determinados sonidos u obras sirven para determinada problemática. En Musicoterapia Modelo Benenzon utilizamos el contexto no-verbal, es decir, instrumentos musicales, sonoros y el propio cuerpo como medio de expresión y de comunicación para favorecer la relación con el paciente.

Y esta relación es algo único e irrepetible que no se puede “recetar”, y que hace posible que este uso de lo no-verbal forme parte de un proceso terapéutico. Es más fácil para un musicoterapeuta compartir con un paciente una sinfonía de Mozart que vincularse a través del cuerpo y otros fenómenos no-verbales que suceden. Y éste es precisamente el entrenamiento que realiza un musicoterapeuta del Modelo Benenzon.

Cabe preguntarse en este punto por qué es tan importante el lenguaje no-verbal. Pues bien, el lenguaje no verbal es lo que conforma nuestra esencia desde antes, incluso, de nacer. El feto comienza a desarrollar el sentido del oído, junto con el del tacto, antes que ningún otro. Oye sonidos tanto intrauterinos como del exterior, tiene sensaciones perceptivas de temperatura, presión, etc. Todo este entorno, así como la cadencia de la voz de la madre, su ritmo cardíaco, las nanas que le cantará, la tonicidad de su cuerpo para calmarle, su olor, etc. conformará todo un código que comienza a establecer un vínculo y una comunicación entre la mamá y el bebé.

Es una comunicación intensa, que sólo ellos dos entienden, carente de palabra alguna pero repleta de sonidos, movimientos, miradas, contacto, etc. Sobre esta base se irán conformando patrones de comunicación pre-verbal, que poco a poco irán produciendo un desarrollo psíquico en el bebé y sobre el cual aparecerá el lenguaje. La comunicación no-verbal es la base no sólo del lenguaje verbal sino también de los principios de la psique humana. Si éstos fallan es porque nos encontramos frente a diversos posibles trastornos de la comunicación (como el autismo) o del vínculo, que pueden derivar en diferentes problemáticas psicológicas si este vínculo no está establecido.

Sobre la base de todo este universo no-verbal que mantenemos y desarrollamos a lo largo de la vida establece el Prof. Benenzon el concepto de Identidad Sonora corpóreo no-verbal (ISO). Éste se refiere a “un complejo energético formado por sonidos, silencios y pausas, olores, temperaturas, texturas, gustos, movimientos, densidades, formas, colores, sentires y/o infinitas percepciones des-conocidas, re-conocidas y por re-conocer”. Es a través de esta Identidad Sonora córporeo no-verbal desde la que se accede al proceso terapéutico.

Entones, ¿para hacer musicoterapia es necesario saber música? No, precisamente porque todos tenemos un bagaje no-verbal desde que somos concebidos. El concepto de musicoterapia va mucho más allá de la música estructurada y culturalmente creada tal y como la concebimos. Comprende también todo ese lenguaje sonoro universal que son los sonidos fetales, de la naturaleza o de melodías pentatónicas que compartimos con otras culturas debido a su carácter genético.

Todos forman parte de nuestra Identidad Sonora, que puede ser de muchas tipos: universal, cultural, biográfica o guestáltica, grupal (aquélla creada entre un grupo concreto de personas), etc. Por tanto, todos somos seres con un amplio bagaje no-verbal y podemos expresarnos a través de él para llegar a partes de nuestra psique donde las emociones no tienen por qué ser nombradas con palabras, sino expresadas de maneras infinitas.

¿En qué consiste entonces la formación en el modelo Benenzon de Musicoterapia?Además del aspecto teórico, la formación en este modelo otorga mucha importancia, (por todo lo comentado anteriormente) a la propia experiencia del musicoterapeuta. Es esencial que éste pueda vivenciar el contexto no-verbal y trabajar sus propios asuntos personales, como un medio de autoconocimiento y desarrollo personal básico como futuro terapeuta.

Podrá descubrir su propia Identidad Sonora y desarrollar vínculos en un grupo terapéutico en el encuadre de una formación. Tendrá la oportunidad de vivenciar la experiencia no sólo como paciente sino también como musicoterapeuta o coterapeuta en un entorno didáctico. Por tanto, no sólo adquirirá las bases teóricas de uno de los cinco modelos de musicoterapia internacionalmente reconocidos, sino que además tendrá una experiencia vivencial intensa.

Otro de los puntos clave de la formación es la supervisión clínica que podrá realizar el alumno sobre aspectos personales que puedan interferir en su propia actividad como terapeuta. La supervisión facilitará el proceso terapéutico evitando procesos como el Burn-Out del trabajador.
Las supervisiones forman parte de la formación pero también están abiertas a otros musicoterapeutas o terapeutas afines que las necesiten puntualmente.

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